Hablan de sufrimiento, de dolor, de llegar al límite… y lo explican con una sonrisa en la cara y les brillan los ojos con una sospechosa felicidad.

A contra corriente

Estamos en un país curioso y repleto de contradicciones. Tenemos sol y no lo aprovechamos, tenemos un clima que es la envidia de Europa y no lo valoramos, tenemos la dieta mediterránea y nos hinchamos de comida basura.

Y en nuestro día a día más de lo mismo. Mucha queja y poca acción y el concepto de la mejora continua y el afán de superación parece que queda relegado a una élite de incautos.

Como decía Carles Capdevila “somos un país abstencionista y desencantado”, es como si el sistema que nos envuelve se empeñara, obstinadamente, en desmotivarnos como personas a trabajar para ser cada día mejores y hacer, por extensión, de nuestro entorno un lugar mejor donde vivir.

Se supone que los ciudadanos deberíamos estar desmotivados y ser seguidistas de esta corriente… ¡pero no!  Hay un colectivo que se empeña en romper estos esquemas a lomos de una bicicleta con una sospechosa felicidad.

 

Personas anacrónicas

Lo curioso de esta gente, es que son atemporales. Lo mismo te encuentras con un chaval de 18 años que con un abuelete de 80 años y lo mismo van vestidos de calle que van con ajustada ropa de lycra.

Y aunque el elemento unificador es una bicicleta, como concepto genérico, la realidad es que se empeñan en marcar el terreno. Que si de carretera, que si BTT, que si fixie, que si CX, que si urbana… pero todos, y cuando digo TODOS es TODOS, hablan con una sospechosa felicidad cuando se refieren a ella, a la bicicleta.

Los reconoceréis a muchos de ellos por sus características marcas de moreno en brazos, piernas y cuello, vanagloriándose de ese contraste que te hace hasta daño a la vista.

Pero lo más curioso es que se lanzan en masa a pedalear cuando todos aun pensamos en seguir durmiendo. Se afanan en aprovechar los fines de semana, días festivos y vacaciones para acumular kilómetros… ¿para qué? Y pese a lo cansino que es, se empeñan en subir puertos y más puertos como si les fuera la vida en ello.

Y todo ello sin ganar nada, pero eso si… con una pasión e ilusión que creo sinceramente que no puede ser bueno para su salud. Y todo envuelto de una sospechosa felicidad.

Una centenaria sospechosa felicidad

Aunque a algunos les suene a moda, la realidad está más lejos de ser moda. La broma ya es más que centenaria y con millones de sonados dándole a los pedales allá donde vallas y… ¡repartidos por todo el mundo!

Y mira que desde todos los ámbitos se les ha ridiculizado, ninguneado y se les ha demostrado que la bicicleta no tiene futuro, que es una reliquia que lucha por una utopía.

Son unos pesados. Insisten en cambiar el mundo con eso de la ecoeficiencia, la movilidad sostenible, lo de la vida sana y ahora con lo del metro y medio, por una ley justa y ni 1+ por todos los lados. E insisten con esos valores de esfuerzo, constancia, dedicación, amistad y compañerismo, e incluso algunos… ¡lo ligan a la solidaridad!

¡Y lo curioso es que se les ve con un halo de felicidad que les rodea! Aunque hay que reconocer que son unos antisociales recalcitrantes, porque lo que se lleva ahora es que te lo den todo hecho sin esforzarte, hacer cara de estresados y estar quejándose todo el día sin hacer nada por mejorar. Y ellos mientras tanto organizando salidas, marchas y carreras con una sonrisa contagiosa y con una sospechosa felicidad.

¿Una secta destructiva?

La captación de sus miembros es curiosa. Los ritos de iniciación pueden ser desde salidas multitudinarias extenuantes hasta ascender rampas imposibles. Seguro que alguna droga deben de recibir, porque la reincidencia acaba por ser la moneda de cambio.

Alguno podrá pensar que se trata de una secta destructiva. Pero no. No son ninguna secta y su voluntad es siempre constructiva, una anomalía anómala en el ambiente derrotista en el que está inmersa esta sociedad decadente que nos ha tocado vivir.

Alguien debería tomar cartas en el asunto de manera urgente, cortarles las alas, ponerles palos en las ruedas o pincharlas… no sea que un día se les ocurra cambiar el mundo de verdad con su sospechosa felicidad.

Porque todo esto no es normal. Tiene que haber en algún sitio la trampa. No se puede entender de otra manera esta sospechosa felicidad.

 

NA Adaptación de un artículo de Carles Capdevila (1965-2017) “Entusiame sospitós” publicado en el diario Avui el 30/5/2007. Sirva este post como homenaje a este periodista y comunicador. DEP

Fotos propias, Ciclismo Ninja y Kris Moya Studio

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8 pensaban en “sospechosa felicidad … ¿dónde está la trampa?”

  1. Muy buen artículo. Mi práctica es por el MTB. Siempre en las montañas. Y todos los fines de semana, en algún municipio de Colombia se realizan travesías a las que asisten cientos de ciclistas…. Siempre haciendo amigos en cada rincón donde rodamos.

  2. Ahora que llevo un mes, y lo que me queda pero sin asustarme, sin subirme a una bicicleta, sin contar el pseudo placer del rodillo, doy fe de que montar sobre una bici sin prisa y sin rumbo fijo es uno de los placeres que menos dinero cuestan en la vida. Mi mejor recuerdo sobre una bicicleta lo visualizo subiendo un luminoso puerto de montaña pirenaico como la Creueta, largo y tendido, en el mes de junio, caluroso pero fresco a medida que lo vas ascendiendo, a rirmo tranquilo pero con las pulsaciones aceleradas por la altitud. Un placentero subir de un puerto sin apenas coches con sus barras de nivel de nieve a los lados con sus prados verdes con sus vacas tranquilas que te ven pasar…

    1. Hola Manolo!!!
      Te entiendo perfectamente. No te quiero poner los dientes largos… pero el sábado estaré haciendo lo que comentas en el sitio que comentas!!!
      Ya te explicaré.
      Saludos!!!

  3. Cuanta razón. Algo tendrá cuando tanto engancha. Ayer me emocionaba con la historia de Quim Ferri, presidente del CC Montjuic, que a sus 90 años, acabó la Terra de Remences. Se le iluminaba la cara cuando lo explicaba.
    Y bonito homenaje a Carles Capdevila, gran periodista pero ante todo, un gran tipo

    1. Que gran artículo… y lo mejor es que me identifico plenamente!!…. aquí en Colombia es casi exagerada la cantidad de personas que salimos a rodar en bike, especialmente los fds…. no hay pueblo que no se arme un grupeto para rodar… que belleza de comunidad… yo creo que YA estamos cambiando la manera de vivir… y así mismo el MUNDO!!!

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