Ser un privilegiado está a tu alcance con más facilidad de lo que te imaginas. Yo esta mañana he tenido el placer de experimentarlo. ¿Quieres serlo tú?

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Ruta rutinaria para un privilegiado

Estamos rodeados de cosas increíbles y no nos damos cuenta. La sociedad en la que vivimos nos engulle, o al menos lo intenta, con un consumismo desaforado. Tener, tener, tener,… ese es el mantra con el que se nos bombardea desde todos los canales de comunicación.

Sólo un privilegiado puede escapar de tamaña agresión continuada. Una agresión que te dice además, ¡vaya desvergüenza!, que si no sigues sus preceptos eres un insolidario y antisocial. ¡Menudo montaje que han hecho unos pocos para que unos muchos permanezcan atados y atrapados en su red!

La película “Mátrix” no iba desencaminada en sus apreciaciones. Quizás no hay detrás un organismo cibernético (¿o si?), quizás sólo hay personas como nosotros que se mueven por sus intereses personales.

Sólo un individuo privilegiado puede escapar de “Mátrix”. ¿Cómo? Con cosas tan simples como una bicicleta y dejarse llevar para experimentar la libertad más simple, pura y absoluta. La ruta rutinaria de esta mañana me ha demostrado que soy un privilegiado. Me ha vuelto a enseñar la libertad descubierta de mi infancia a lomos de aquella GAC plegable.

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Con nocturnidad y alevosía

A las 7:30 he salido a rodar por una de las rutas más trillada que tengo: el Río Llobregat. La oscuridad era absoluta. Sólo las luces de las autopistas y un incipiente alba a lo lejos parecía romper esa ausencia absoluta de luz natural.

En esas condiciones excepcionales uno experimenta uno de esos placeres que sólo parecen estar al alcance de un privilegiado: paz y libertad. ¡Y gratis! No cuentan ni pulsaciones, ni potencias, ni velocidades, sólo cuentan tus sensaciones. Únicas, intransferibles.

Y estaba yo relamiéndome de estas sensaciones espectaculares cuando… ¡zascas! La magia surgió ante mi. Y es que si a mi amigo Gabriel le dije que era un privilegiado por las puestas de sol que tenía el placer de disfrutar todas las tardes, yo estaba ante otros de los momentos más especiales del día: el amanecer. El cielo estaba increíble, y un sol naciente venía para decirme que disfrutara del momento. Con tranquilidad, sin prisa.

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Ante tamaña belleza no he podido evitar parar (lo siento Chema Argüedas… ¡pero al demonio base, mesociclos, y mandangas!). He saboreado cada segundo, cada momento y me he dado cuenta que era un auténtico privilegiado por poder vivir ese instante en primera persona.

Alguno dirá que no es para tanto. Seguro que los que estaban en ese momento atrapados en la caravana a la altura del campo de fútbol del Español no lo han vivido de la misma manera. La diferencia es que yo tenía al lado mío una máquina que me liberaba de “mátrix” y ellos una máquina que les sumergía en las cloacas de “mátrix”, esa red sin fin.

Si, ¡soy un privilegiado! Y la bicicleta me da esa libertad para poder disfrutar de ese estatus. Estamos rodeados de grandeza, de abundancia. Es el regalo que nos pone encima de la mesa la naturaleza todos los días. Sólo tenemos que salir a disfrutarla, pero con respeto y conocimiento. Yo lo estoy haciendo. Y TU a ¿qué esperas? ¿Te apuntas?

Dale al me-gusta y déjame tus comentarios.

NA Fotos de Miriam y propias

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Foto tomada el 27/12/2015 en Vilanova i la Geltrú. Otro amanecer memorable.

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